Andrés sintió que Julia dejó de forcejear. Al voltear su rostro, la vio como un alma en pena, pálida y sin vida... Recordó aquella noche, cuando ella tenía la misma expresión y después decidió divorciarse. Andrés sintió un dolor en el pecho, como si le hubieran clavado un carbón ardiente. Su rostro cambió y se quedó inmóvil por un largo rato.
Julia, notando su vacilación, lo empujó bruscamente y se acomodó el suéter. Su cara estaba cubierta de lágrimas.
Andrés, aún aturdido, solo preguntó:
— ¿Ta