Julia, al oír su nombre de repente, levantó la mirada. Diego y Andrés la miraban. No tuvo más remedio que asentir. Para divorciarse, había cosas que inevitablemente tenían que hablar.
Caminaron hasta un árbol en el jardín. La última vez que estuvieron allí, se sentaron en una rama y abrieron sus corazones. Esta vez, iban a hablar de divorcio.
—¿Realmente quieres divorciarte? —Andrés la miró desde arriba. Su rostro estaba oculto en la oscuridad, no se podía ver su expresión.
Julia asintió, con ex