Pensando en esto, Emilia se cubrió la cabeza con dolor:
—¡Ah! No debí beber tanto anoche...
Se tiraba del pelo, angustiada. Al despertar, se arrepintió de su estupidez. ¿Cómo pudo ocurrírsele esa idea tonta para bajar a Bruno de su pedestal? Sin embargo, Bruno pareció disfrutarlo. Después de irse por la mañana, le envió un mensaje para cenar, asumiendo que eran amigos con derechos.
Emilia, furiosa, le respondió insultándolo, diciéndole que no era nadie para aspirar a alguien como ella.
—¿Entonce