—¡Julia, cuidado!—exclamó Andrés empujando a Julia para apartarla.
Julia se golpeó la pierna contra el sofá, frunciendo el ceño de dolor.
Al volverse, vio a Andrés sujetando la mano de Cristina con expresión seria. —Cristina, aquí no hay nadie malo. Dame las tijeras, no hagas nada imprudente.
—¡No! ¡Ella es mala, voy a matarla!—gritaba Cristina forcejeando.
Andrés le quitó las tijeras y la abrazó para subir las escaleras. —Marina, llama al doctor Díaz.
Marina, la criada de Cristina, obedeció de