Julia permaneció aturdida junto al lago hasta la noche, cuando empezó a caminar lentamente de regreso.
En su mente se repetía la imagen de Andrés trayéndole leche hace un año. En su imaginación, Andrés fruncía el ceño cuando ella se desmayaba, ordenando fríamente al personal médico: —Extráiganle sangre.
Cuanto más pensaba, más le dolía el corazón. Sin poder controlarlo, sufría y odiaba a Andrés...
—¿Julia?—, sonó una voz familiar en la calle.
Julia se volteó. Daniel asomaba por la ventanilla del