—De verdad no puedo tomarlo, sabe como sangre—dijo Julia. El color también se parecía a la sangre, lo que lo hacía muy desagradable.
Andrés respondió con voz grave: —Si no lo tomas, seguirás mareándote. ¿Sabes cuánta sangre perdiste en el accidente? Casi dos litros, por eso estuviste inconsciente tres días.
Julia frunció el ceño. —Pero realmente no puedo beberlo.
—Tienes que hacerlo, — insistió él.
Sin otra opción, Julia se lo tomó con dificultad. Al terminar, su garganta ardía y buscó agua.
And