Su voz era tan suave que ella se sentía un poco desconcertada.
—No, solo siento la cabeza muy apretada. ¿Qué me pusieron?—preguntó con voz ronca.
—Te vendaron la cabeza. Sufriste una herida y sangraste mucho—explicó Andrés, tomando suavemente su mano para tocar el vendaje. —Puedes tocarlo, pero no lo jales.
—Mmm—Al sentir el vendaje, entendió lo que era. Así que se había lastimado la cabeza.
—¿Todavía te duele?
—No duele, solo me siento mareada como cuando tienes gripe—respondió Julia con esfuer