Cuando Andrés llegó a la Mansión Gómez, Julia ya estaba dormida. Entró a la habitación y se sentó junto a la cama, apartando el cabello largo de Julia para ver su rostro. La mejilla derecha estaba hinchada y aún no se había aplicado ninguna medicina. Frunciendo el ceño, se levantó para buscar una pomada y se la aplicó suavemente en la mejilla.
Julia, adormilada, intentó limpiarse la cara pero Andrés la detuvo. —No te la quites.
Julia despertó y lo primero que vio fue el rostro apuesto de Andrés,