A medianoche, Julia tuvo fiebre.
Andrés llamó al médico.
El médico dijo que ya le había dado medicamento para bajar la fiebre, y que en unas horas no podía darle más, solo podía bajar la temperatura físicamente.
Andrés vio a la joven con las mejillas enrojecidas y delirando, se quitó la chaqueta, se arremangó y trajo una palangana con agua tibia para bajarle la fiebre físicamente.
—Papá...— murmuró ella con los párpados temblando.
Andrés se acercó para escucharla.
Julia, con la fiebre, farfulló: