La pantalla del televisor se oscureció mientras la repetición de la entrevista de Amber llegaba a su fin.
El abuelo Asher permaneció sentado, con una mano apoyada sobre el bastón y una expresión indescifrable.
Su asistente se acercó discretamente.
—Señor.
No levantó la mirada.
—La línea privada.
Eso consiguió que volviera la cabeza.
El asistente le tendió un sobrio teléfono negro, reservado para muy pocos contactos.
En la pantalla parpadeaba un nombre:
El Joker.
Una sonrisa lenta apare