Federico
Sostuve su cabello rubio con fuerza mientras la embisto aún más profundamente.
Me muevo dentro de ella sin abrir los ojos en ningún momento.
—Más, Más —Me pide entre gemidos
Cuando escucho el tono de su voz vuelvo en mí y me percató de que no es ella.
Esta mujer no tiene la dulce voz de mi pequeña. En lo único que se parecen es en el tono de su cabello, pero sus ojos son verdes oscuros, no posee ese color miel que me fascina, ni su carita de princesa, ni su sonrisa, no es ella aunque