Narra Adam
Aun no podía cree que Fátima estuviera aquí, junto a mí. Es como si estuviera viviendo un sueño hecho realidad, pero en parte no es así, ella ha pasado por mucho, y ahora se dedica a esto y eso me duele y mucho.
Nos encontrábamos abrazados y la verdad ignoro cuanto tiempo llevamos así, y la verdad no me importa, me gusta estar así con ella. Hasta que se levanta y se va a dar una ducha.
—¿Te puedo acompañar? —Digo desde el marco de la puerta. Me mira, pero con tristeza.
—¿Qué ocurre?