LINDA.
—Hola mi amor qué alegría escuchar tu voz, quiero que me escuches atentamente si quieres ver a nuestra Estrellita.
—¿Cómo pudiste Rafael? ¡Es tu hija ella no tiene….! —Un sollozo se me escapa.
—Debiste regresar, nunca debiste irte de casa y menos con ese hombre.
—Y por eso tenías que llevarte a mi hija.
—Mi amor, sabes que no podemos estar separados y como tú no quisiste venir a mi, decidí llevarme a mi hija.
—¿¡Tú hija!? Ahora es tu hija, Rafael, tú no la quieres.
—La amo como te amo a