CAPÍTULO XXI

Linda.

Siento una mano posarse en mi cadera, me tenso al sentir el olor de su colonia, mi corazón late desenfrenado, deposita un beso en mi cuello que me hace estremecer.

—Estás tan hermosa —el calor de su aliento en mi cuello hace que mi piel se erice —no sabes cómo te extrañe mi amor —trato de girar hacia él, pero me lo impide pasando su brazo por mi cintura y pegándome a su cuerpo. —hueles tan delicioso como la primera vez que nuestros caminos se cruzaron, ¿lo recuerdas amor? —dice pasando s
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