66. La interrupción
Hariella regresó a su enorme mansión y recompuso su semblante a uno serio, como si no hubiera pasado nada. Se mantuvo calmada y serena para saludar a sus dos preciosos hijos y para atender a las empleadas. Pero en la noche, luego de dormir a sus mellizos y estando sola en la intimidad de su cuarto, soltó a llorar de manera desconsolada. Las blancas mejillas de su precioso rostro angelical, se bañaban con el llanto que le provocaba recordar aquel momento con el hombre que amaba. Agarró la rosa a