Él chocó su nariz suavemente con la de ella, una tentativa, ella no retrocedió, a su vez cerró sus ojos, y él entendió, había ganado, este era su premio, sin esperar más, reclamó sus labios, el choque de la sensación exigente y posesiva hizo que la castaña soltara un suave gemido contra su boca, sus uñas se enterraron suavemente en la piel blanquecina del lobo, un gruñido gustoso retumbó en su torso, aquel sonido no deberia poder salir de un humano, mucho menos enviar un latigazo directamente