Durante un largo momento, no me moví.
Taylor estaba al otro lado de la calle, recargado contra la misma farola de siempre, como si nada hubiera cambiado, como si no hubiera desaparecido y me hubiera dejado preocupada. Su rostro era ilegible, la luz de la mañana proyectaba sombras suaves bajo sus ojos. El aire frío se deslizaba entre nosotros, silencioso y cortante.
Apreté la correa de mi bolso. Mi pulso se aceleró, no por emoción, sino por un dolor sordo que había estado creciendo desde la últi