Taylor se quedó en silencio después de mis palabras, su mirada fija en algún lugar del suelo entre nosotros. El silencio nos oprimía, más pesado que el aire con olor a lavanda de mi habitación, hasta que pensé que quizá no iba a decir nada en absoluto.
Pero entonces su voz se abrió paso, suave y vacilante. «¿Te sientes… cómoda todavía dando clases con él? Quiero decir, a pesar de lo que sientes por él».
La pregunta hizo que se me cerrara la garganta. No esperaba que preguntara eso, no así, no t