El momento en que reconocí la silueta de Taylor bajo la farola, mis piernas se movieron solas. El alivio me golpeó tan fuerte que casi me mareó, dispersando todos mis pensamientos excepto uno: está aquí. Está a salvo.
—Taylor —dije con un suspiro, más fuerte esta vez, casi tropezando mientras acortaba la distancia.
Incluso con la poca luz podía verlas, las tenues marcas moradas que se desvanecían en su pómulo, la delgada sombra de un moretón que recorría su mandíbula. Eran más claras que la últi