—Existe la posibilidad de que pueda hablar con mi hermana —dijo Elara, acercándose a Rhevan con una urgencia que rayaba en la desesperación.
Rhevan se detuvo, soltando un suspiro cargado de frustración. La miró como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
—El Alfa no lo permite, Elara. Tiene la habitación rodeada de guardias y no deja que nadie se acerque a ella. ¿Qué pretendes que haga? —preguntó él, con un tono cortante.
—Bueno, en algún momento se tiene que despegar de ella, ¿no? —insi