47. Marcados
Alexander
No podía entender lo que mis ojos veían: el cuerpo de Emma estaba completamente libre de cicatrices. Un torbellino de preguntas recorría mi mente, pero no la quería abrumar; sabía que, en ese momento, no tenía las respuestas. Así que decidí hacerle la única pregunta que realmente importaba: -¿Cómo te sientes?-
-Confundida… algo rara… y tal vez… algo linda.- Respondió ella.
No pude contenerme más. La atraje hacia mí y le susurré al oído: -Siempre has sido linda y dulce para mí, siempre