41. Confesión inesperada I
Alexander
Me dirigía a la habitación de Emma, cuando la noche ya estaba cubierta con un manto de estrellas. Había estado ocupado todo el día y solo pude comunicarme con ella una sola vez, sin poder verla.
Dago y yo habíamos pasado el día con los nervios a mil. Cada nueva información se convertía en una señal más del peligro en el que se encuentra Emma, y eso nos volvía locos de preocupación. Dago no paró de gruñir en todo el día, por momentos, su gruñido era tan agudo que parecía rasgar mi ce