32. Bajo ataque
Alexander
Levanté la cabeza en busca de la mirada de Emma. Al encontrarla, una profunda sensación de pérdida recorrió todo mi cuerpo, y, sin pensarlo, la sujeté con más fuerza. Sus ojos verdes oscuros y vacilantes estaban fijos en mí, mientras su rostro permanecía inexpresivo y su respiración se tornaba entrecortada. No podía entender qué pasaba por su mente.
Besé la comisura de sus labios y, con un susurro suplicante, le dije: -No te alejes, vuelve a mí, Emma.-
Ella intentó soltarse de mi aga