33. Debilidad
Emma
La puerta de la habitación se abrió de golpe, estrellándose contra la pared con un estruendo que me hizo sobresaltar. Una figura imponente, casi de dos metros, se plantó frente a la cama, y con una voz feroz gruñó:
-Tú, niña tonta. ¿Cuántas veces más necesitas estar al borde del peligro para darte cuenta del riesgo al que te expones?-
Sus ojos azules ardían con una mezcla de furia y preocupación, y el aire se llenó de tensión mientras su presencia dominaba la habitación.
Sus duras palabra