23. Revelación
Alexander
Como alfa de la manada, siempre había estado acostumbrado a dar órdenes. Esa era mi naturaleza; analizar, decidir y ejecutar. Pero con Emma, todo era diferente. Su mirada, su dolor y sus palabras me afectaban terriblemente.
Sabía que la había herido de mil maneras y eso me atormentaba.
Me di cuenta de que cada palabra que pronunciara debía ser elegida con cuidado. Ambos sabíamos que intentar reprimir nuestros deseos era en vano. Aunque podía usar mi autoridad para forzarla a estar a