22. Dudas y emociones
Alexander
El viento azotaba con fuerza la ventana de mi oficina, anunciando la tormenta que se avecinaba. En cambio, en mi mente ya se había desatado una tormenta aún más intensa. Las preguntas que me invadían giraban en un remolino furioso, arrasando con mi tranquilidad. Cada interrogante era como un trueno que retumbaba en mi interior, intensificando la ansiedad que se apoderaba de mí.
Un golpe en la puerta resonó en la habitación, y acto seguido, Marcos e Iker entraron con semblantes serios.