Nuria no me daba tregua: tenía que reconocer que ella era muy hábil con la magia. Me lanzaba rayos, cuchillas de hielo, bolas de fuego, creaba enredaderas en el suelo que intentaban capturarme y muchas cosas más que hacían que tuviera que esquivar como fuera todo. Me resultaba imposible acercarme a ella mientras luchaba solo.
— ¡MUÉRETE IMBÉCIL! — gritó la loca mientras sus ojos se volvían negros y me forzaba a esquivar un humo de color negro que lanzó en mi dirección.
— Ya te dije que quien va