Pasaron un par de días desde que Alfred llegó a mi manada. Se adaptó rápido y aunque ya había demostrado que no le gustaba que una mujer fuese una Alfa, sí que se sorprendió de toda la gestión que estaba haciendo (y que los de la antigua aldea de pícaros hacían por mi).
— Es sorprendente todo lo que has hecho en unos meses, Reina Bendita.
— Que sea una mujer no significa que no pueda hacer las cosas bien, Alfred.
— Algunas cosas son impensables.
— ¿Cómo cuáles?
— La armadura. Pensar en eso es.