El camino hacia el hospital se me hizo eterno, mientras me esforzaba en contener las lágrimas de dolor, sin éxito. Alfred no dijo nada más mientras me llevaba en brazos y no pude evitar pensar en si existiría algo para calmar el dolor de un vínculo traicionado, ya que provenía de la propia alma: estaba segura que un Paracetamol no sería de ayuda. Llegamos al hospital en reconstrucción, aunque las obras ya estaban bastante avanzadas. Me fijé que en la puerta había un despliegue de varios médicos