Entramos en la habitación y me tumbé en la cama.
— Odio hablar en público, Jake. Es agotador.
Noté que Jake se tumbaba a mi lado.
— No es para tanto, cariño. Ya verás cómo con el tiempo, coges práctica.
— Lo dudo. Odio los nervios y todo lo relacionado con ello.
Jake me rodeó con su brazo y acercó nuestros cuerpos.
— Entonces siempre estaré ahí para ayudarte.
— Lo sé, lo sé. Eres todo un encanto.
— No te imaginas cuánto. Es sólo una pequeña parte de todo lo que puedo darte.
Sonreí y le di un ti