Mundo ficciónIniciar sesiónClaus levantó la mirada y vio que era Salomé quien le sostenía de su mano izquierda para evitar que cayera a aquel funesto destino.
—Claus… —le llamó la loba— Se terminó, perdiste. Pero está bien, por favor, sólo ríndete y entréganos el anillo. No tiene que terminar así.
El lobo gris le miró. Primero inexpresivo y luego… sonriendo.
—No hay marcha atrás







