Capítulo 32.
Nos quedamos en el bosque los siguientes tres días.
Y, como la reina que soy, le ordené a mi súbdito que me trajera comida cada vez que tenía hambre.
Como justo en este momento en el que me encontraba cómodamente estirada en mi piel de lobo sobre una roca mientras Cole iba por el desayuno.
No es que fuera perezosa… de acuerdo, también fue por eso; pero lo que más me importaba es que no quería que me viera como un bicho raro cuando de la nada Tambor y Bambi se quedaran quietos para que yo me los