—¿Te sientes bien? — preguntó su padre al verla recostarse del sofá.
—Es un simple dolor de cabeza, supongo que se debe a la preocupación que siento de no volver a saber de la doctora.
—Puede que esté ocupada con su trabajo.
—Llevo dos semanas sin saber, y eso me pone muy pensativa.
—Deja de pensar en cosas malas, hija, por favor. Has tenido unos meses tranquilos, felices, no le des vuelta a tu cabeza con esos pensamientos inapropiados que solo te causan dolor de cabeza y malestar general.
—Sí,