—Zarek yo… me siento muy apenada contigo, en serio lo siento mucho — Madison entró en el despacho de él.
—No tienes que… lamentarte, los hechos hablaron por si solos.
—Qué vergüenza lo que te hizo pasar en frente de tus hijos ¿Cómo pudo robarme el reloj? ¿En qué momento? — él ladeó sus labios y posó su mano en la frente.
—Tiene manos de seda, puede quitarte lo que sea sin que tú te des cuenta, la puedes mirar a los ojos y eso será suficiente para robarte hasta el corazón — bebió su trago — Cuan