—Hazel — escuchó de fondo la voz de su amiga.
—Estoy bien, ya salgo de la ducha — cerró la llave y tomó una toalla para secar el agua de su cuerpo y envolverse en ella, salió del baño limpiando su rostro y mirándose en el enorme espejo que está pegado a la pared, sus ojos están hinchados y rojos como un tomate, sus ojeras llagan un poco más debajo de su mejilla, y el semblante de su rostro es el peor de todos — ¿Qué vamos a hacer? Míranos, estamos destrozadas y destruidas ¿Será que decidimos ma