87. Hola, pequeñito
Más tarde, cuando ya anochecía, permitieron el acceso a las visitas. Alexia se emocionó. Quería estar para su cuñada. Su hermano así lo querría. Ya había visto a su sobrino a través del cristal de los cuneros hace un par de horas.
Era un bebé precioso; y aunque estaba demasiado pequeño, no dejó de sorprenderla por lo fuerte y sano que lucía.
Entró a la habitación, despacio, tímida y sin hacer mayor ruido.
— ¿Puedo pasar? — preguntó quedamente.
Calioppe alzó la vista. Sus ojos brillaron. Al f