58. ¡¿Dónde están mi mujer y mi hijo?!
A Calioppe le dolía alejarse del hombre que, inevitablemente, se había enamorado sin preverlo durante los últimos meses.
Una silenciosa lágrima rodó por su mejilla.
Junto a él había conocido la entrega absoluta, las mariposas en el estómago cada vez que lo veía y el pulso disparado por culpa de sus besos y caricias. Dios, con él, se había dejado llevar de una forma irrepetible. Había sido su mujer. Suya. En cuerpo y alma, y como resultado… llevaba al hijo de ambos en el vientre. Pero también,