33. Te creo
Lágrimas calientes amenazaron con salir.
— Yo… yo no los tomé — titubeó, asustada, no, aterrada de que una vez más él le creyera. ¡Que nunca nadie lo hiciera!
Nick suspiró.
— Calioppe…
— ¡Tienes que creerme! ¡Yo no robé nada! ¡No soy una ladrona! — su corazón había comenzado a latir apresurado, tanto qué asustada.
— Calioppe…
— ¡Por favor, Nicholas, yo…! — para ese punto, sus manos temblaban. No soportaba más ser acusada de esa forma, ser incriminada — ¡Yo…!
Su garganta se cerró. Le costa