32. ¡Nadie revisará la habitación de mi esposa!
Nicholas Dos Santos estaba que se lo llevaba el diablo.
Todo el mundo en la casa grande se había quedado en completo silencio, a la expectativa de sus órdenes. Él nunca había tenido motivos para dudar de su propia gente. ¡Carajo! ¡Allí nunca se había perdido un solo alfiler! ¿Por qué tendría que suceder ahora? ¿Por qué tendría que ser diferente?
— Es una situación delicada — comenzó por decir, mirándolos a todos. Ellos asintieron —. Jamás hemos tenido que llegar a esto y lo saben, confío en us