23. Esposo cruel
Tras varios segundos de silencio, el brasileño de Villa Dos Santos se incorporó.
— No lo puedo creer — dijo, riendo y negando con la cabeza —. ¿Hasta esto ha llegado Calioppe? ¿Usarte a ti para convencerme de que no es mentirosa?
— No, patrón, por supuesto que no, lo que le digo es la puritita verdad — aseguró la pobre muchacha.
— La única verdad aquí es que Calioppe no es lo que tú piensas, Francisca.
Ella lo miró como si a él le hubiesen salido dos cabezas.
— Pero patrón, ¿Por qué usted d