13. ¡Eres un desalmado sin corazón!
El implacable brasileño de ojos verdes aguardaba impaciente por una explicación. ¡Esta vez no tendría ni un ápice de consideración!
— ¿Y bien? ¡Estoy esperando!
Calioppe se enderezó, nerviosa. Pasó un trago de intimidación. La mirada de su esposo era la de un hombre furioso.
— No… no sé qué quieres que te diga — musitó débilmente.
Nick entornó los ojos, contenido.
— La verdad, Calioppe, quiero la absoluta verdad. ¿Quién te ayudó, ah? ¿Quién? ¿Fue un peón? ¿Qué le diste para que quisiera ayu