Capítulo 94. Aquella noche en el bar
Antes de que Isabella pueda reaccionar, ya siente la mano firme de su esposo insertando el anillo en su dedo. El frío metal se adapta con suavidad a su piel, como si hubiera sido diseñado para ella desde siempre. Benedict se queda mirando su mano por unos segundos, ensimismado. Le queda perfecto.
—Voy a colocar el colgante en su caja para que puedan llevarlo —dice la joven vendedora, emocionada por haber cerrado una venta tan costosa.
—No es necesario —responde Benedict sin apartar la vista de