Capítulo 183. Vamos a casa

Cuando Benedict vuelve a la realidad, dos pares de ojos azules lo observan con atención. El pastel de frutas que compró está aún en sus manos. Lo deposita sobre la mesa ratona con torpeza y da un par de pasos hacia ellos. Su corazón late con fuerza. La confusión que siente le impide ordenar una sola idea. ¿Qué les dijo Bella? ¿Saben quién es él?

—¿Saben quién soy? —pregunta, su voz grave, temblorosa, rota al final de la frase.

Los mellizos asienten al mismo tiempo, como si lo hubiesen ensayado.
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Cristina Sánchezay Dios tengo el corazón el la garganta
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