Para ese punto de la noche, Coral ya había vuelto a su estado natural, tomando en sus manos el control de la situación, caminando con total confianza del brazo de Lorenzo, con una maravillosa entrada, siendo la mujer tranquila, observadora y profesional que siempre ha sido, por lo que empezó a disfrutar del espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos. Pues para ella no pasaban desapercibidas todas las miradas que estaban sobre ellos, en espacial de aquellos hombres que siempre se han sentido