—¿Piensas que me perdería tu casamiento? Una vez que tengo la posibilidad de librarme de ti… —bromeó Alekos.
—Eres un tonto, me alegra tanto que estés aquí —dijo Helena emocionada.
—Bienvenido, hijo —dijo Stavros, abrazando a su hijo con lágrimas en los ojos.
—Cálmate, papá, estoy bien —dijo A