Dakota dormía sobre el pecho de Alekos, sintiendo un aroma familiar, esos olores que dan paz. Alekos se despertó y sonrió; despertaría por el resto de su vida y lo primero que vería sería esa cara, esos labios.
Se quedó observándola dormir, llamó a la cocina, pidió el desayuno y unas flores. Si su