Él, por su parte, se duchó con agua helada. Había quedado excitado, desnudo y encerrado. Dakota pagaría por eso.
Tres horas después, Dakota bajó a la merienda. Se encontró con Helena.
—¿De qué te ríes? —preguntó la joven.
Dakota le mostró la llave justo cuando Hipólita entró con los jugos y la