A la mañana siguiente, me sentía mucho más yo misma. Cuando Eli y yo bajamos a desayunar, vi inmediatamente a qué se refería Noah con lo de la ‘situación de las hadas’. Leilani y Lolana eran altas. Seguían brillando como hadas, pero caminaban junto a Alexander y medían más de metro y medio, si tenía que suponer.
“Señora Luna Grace. Señora Luna Grace”. Las dos gritan emocionadas antes de abrazarme con la luz brillante de sus brazos y cuerpos.
“Oh…”, digo, poco acostumbrada a un afecto tan efus