“¿De casualidad sabes algo de trabajar en una cocina o de ordenadores?”, le pregunto, bromeando.
“La verdad es que sí. Trabajé como programadora de nuestro personal de cocina antes de dejar mi manada”, me dice. Tomo nota de que “dejó” su manada, no de que se la llevaron los cazadores. Otra persona maltratada por su manada. Hay demasiados.
“Bueno, entonces, tengo el trabajo perfecto para ti y estás a punto de alegrarme el día”, le digo. “¿Lista para empezar a trabajar?”, pregunto y me pongo de