Sabía que mi conversación con Dustin sería difícil. Nadie quiere oír que su pareja ha pasado por los horrores que ha pasado el suyo. Pero, como su Alfa, es mi trabajo asegurarme de que lo sepa y de que sea yo personalmente quien se lo diga.
Cuando toca la puerta de mi despacho, le digo que pase y tome asiento. Voy a la barra y nos sirvo un vaso de bourbon a los dos. Entonces, me acerco para sentarme a su lado.
"Así de mal, ¿eh?", me pregunta, tomando un sorbo del líquido ámbar.
"Dustin, ya sa